La vocación comunitaria al servicio del prójimo

Oscuro cielo. Amenaza de llovizna en el inicio de la ruta a Tafí Viejo.  Unos kilómetros más adelante, ya en la entrada a la ciudad, las nubes se dispersan y asoma el sol. El microclima sorprende. Parece como si se hubiera abierto una ventana hacia otra dimensión.

En el Centro Comunitario del barrio Calpini, ubicado a pocos metros del acceso a la ciudad, bordeando los viejos talleres de Tafí Viejo, Natalia espera con ansias la hora del encuentro.

Natalia Fernández Rodríguez, de 38 años, vive en el barrio desde hace más de veinte años. Allí crió a sus ocho hijos y se muestra orgullosa de pertenecer a esa comunidad: “Si bien no nací aquí, ya que soy oriunda de la Villa Obrera de Tafí Viejo, me mudé hace muchos años al Calpini por que conocí a mi pareja y él es de la zona. ¡Soy feliz en este barrio!”.

Natalia cuenta que pasó gran parte de su vida sin involucrarse con su comunidad, hasta que una vecina le propuso participar en la Mesa de Gestión Local. A partir de allí nunca dejó de trabajar para el barrio: “Decidí sumarme a las reuniones para aportar mi granito de arena y ver de qué manera poder ayudar a las personas del Calpini, para que esta comunidad avance y progrese”.

Además, rememora sus comienzos junto a sus compañeras de la Mesa: “La primera vez que vine a una reunión estaba nerviosa y con muchas interrogantes de cómo iba a poder ayudar a las personas. Luego de unas horas, me sentí tan cómoda con las chicas que decidí unirme a su loable causa”.

Actualmente, Natalia lleva más de dos años contribuyendo a que cada vecino del Calpini viva mejor. También comparte muchos proyectos comunitarios de la Mesa, como remodelar y acondicionar un galón y otros áreas, y además seguir ayudando al crecimiento de la Cocina Comunitaria que desde hace algunos meses funciona muy cerca de allí.

Las Mesas de Gestión Local, son espacios de encuentro impulsados y acompañados por el Ministerio de Desarrollo Social, con el objetivo de fomentar el diálogo e intercambiar experiencias con distintos referentes barriales para el fortalecimiento de cada comunidad.

Continúa su relato, narrando que se siente muy a gusto realizando tareas y gestiones para mejorar la calidad de vida de sus vecinos y que su labor comunitaria le devolvió sentido a su vida: “No importa la mínima ayuda que pueda darle a las personas, simplemente me gratifica ver en sus ojos la satisfacción de haber logrado algo que pensaban que no podrían. Al mismo tiempo, desde esta posición trato de marcarle a los más jóvenes el camino, y así contenerlos y acompañarlos en lo que les haga falta”.

También destaca que gracias a la Mesa de Gestión han logrado relacionarse con los referentes del municipio, las escuelas, hospitales y otras instituciones locales, buscando siempre el beneficio para su querido barrio: “Las relaciones con nuestras instituciones locales han cambiado, ya que ellos al comienzo no veían con buenos ojos al Calpini, y ahora nos han extendido la mano para lo que necesitemos”.

De pronto, Natalia interrumpe su relato. Respira profundo y mira a su alrededor.Se ve un poco cansada, pero el entusiasmo de transmitir cómo contribuye al crecimiento de su comunidad, se ve reflejado en sus ojos color esmeralda, que irradian energía.

Luego de unos minutos, continúa.

Remarca que, entre otras cosas, el objetivo del Centro Cultural Calpini es trabajar para promover el involucramiento y la participación de jóvenes de organizaciones sociales que aportan al desarrollo de sus comunidades y a la construcción de proyectos colectivos. Para ello, cuenta que allí se organizan talleres de manualidades, jornadas, convivencias y actividades culturales y recreativas, en su mayoría organizadas y llevadas adelante a través del programa Avanzar, de Desarrollo Social.

Destaca que la única manera de cambiar la realidad del barrio, es a través del involucramiento de su gente e invita a las personas interesadas a sumarse al proyecto: “Cuando ves que de a poco tu barrio va mejorando, te da muchas fuerzas de seguir adelante, aunque necesitamos de nuestros jóvenes, de su fuerza y nuevas ideas para continuar evolucionando”.

Por otro lado, agradece al Ministerio de Desarrollo Social por acompañar al Calpini: “Doy gracias que hayan traído la Mesa de Gestión a mi barrio, esto contribuye a mejorar nuestra comunidad y a ayudar a las personas más necesitadas de la zona”.

Natalia lleva más de una hora y cuarto compartiendo efusivamente sus vivencias. En ese momento, la puerta del centro comunitario se abre y una decena de jóvenes ingresa. Tienen programada una visita al balneario La Toma, a pocos kilómetros del lugar, donde compartirán un picnic y disfrutarán de la naturaleza. Ella los recibe como siempre, con una amplia sonrisa.

Este es pacio está destinado a encontrar la voz de los verdaderos protagonistas, porque cada “Historia de Cerca” es diferente, enriquecedora y guarda una enseñanza de vida que merece ser contada y compartida.

 

Compartir