El corazón construye familias

El asfalto arde. El mercurio marca 32°.
A pesar de que apenas comienza octubre, la temperatura en Tucumán no da tregua. El agobiante clima veraniego se refleja en los rostros exhaustos de las personas que caminan por Barrio Sur.
A la hora acordada, Virgina espera ansiosa.
Apenas suena el timbre, la puerta se abre rápidamente.
Unas largas escaleras conducen a un luminoso y amplio living comedor.

María Virginia Posse tiene 43 años. Es la mayor de 5 hermanos y proviene de una familia trabajadora. Es médica de profesión.
Al comenzar su discurso, destaca el amor que sintió desde pequeña y los lazos fraternales que la unen con su familia: “Los vínculos afectivos con mis padres y hermanos son muy fuertes, ya que atravesamos por situaciones difíciles y pudimos salir adelante tirando todos para el mismo lado. Con mis hermanos nos queremos mucho, somos muy unidos y sabemos que podemos contar siempre el uno con el otro”

Virginia está casada desde mayo del año pasado con Matías Figueroa, aunque ya convivían desde hace casi una década. Con él tienen 6 hijos. Además, tuvo otros dos con su primera pareja, aunque uno de ellos falleció de una enfermedad terminal cuando era muy pequeño.

Desde que comenzó su relación con Matías, siempre tuvieron un proyecto en común, que era el de formar una familia y poder tener hijos. Pero Virginia no podía quedar embarazada y eso los entristecía: “Realmente es muy doloroso y traumático intentar, a través de distintos tratamientos de fertilización asistida, tener un bebé y no poder hacerlo. Esto te hace sentir súper frustrada, te genera mucha angustia y tristeza”.

Y tras varios intentos fallidos, Virginia y Matías decidieron buscar una alternativa. Así fue como la palabra “adopción” comenzó a dar vueltas por la casa y, tras interminables charlas, tomaron la decisión de casarse para luego inscribirse en el Registro Único de Postulantes a la Adopción de Tucumán (RUPAT).

Siguiendo con su relato, vienen a su mente recuerdos de esos momentos y Virginia se conmueve. Con los ojos llenos de lágrimas, agrega: “Con Matías compartíamos el sentimiento de querer ser padres, y eran tan grandes nuestras ganas, que consideramos la posibilidad de adoptar”

Y el destino quiso que su espera no fuera prolongada, ya que al poco tiempo recibieron noticias del RUPAT y, tras un par de entrevistas con el juez y otras tantas con psicólogos de la institución, ya se encontraban en la lista de espera para adoptar.

“Nuestra idea era tener dos o tres hijos, para que pudieran disfrutarse mutuamente y crecer felices y unidos. Primero tuvimos la posibilidad de adoptar a tres hermanitos, pero ellos tenían más hermanos y pensábamos que separarlos no iba a ser bueno para ellos, por lo que decidimos dar un paso al costado”, recuerda Virginia.

Al poco tiempo, la pareja volvió a recibir un llamado del Registro de Adopción, ahora con la posibilidad de adoptar a dos hermanos. Pero al llegar al lugar, se dieron con que ellos eran parte del mismo grupo de hermanos que estaban por ser separados para favorecer su adopción: “Una vez más estábamos frente a esos seis hermanos, que no podían estar juntos ya que ninguna familia se animaba a adoptar un grupo tan numeroso. Y allí fue cuando sentimos con mi marido que Dios nos los había puesto en nuestro camino y decidimos adoptar a los seis”.

Si bien Virginia y Matías, y ahora sus seis hijos, sabían que el camino no iba a ser fácil, confiaban en el amor de esos hermanos y el cariño que recibirían de su nueva familia.

Además, Virginia recuerda que cuando su caso tomó trascendencia, intervino el Ministerio de Desarrollo Social, a través de la Subsecretaría de Atención a Familias en Riesgo Social: “Luego de la adopción, me contactó la doctora Málaga, y se puso a nuestra disposición. Nos acompañaron mucho y además nos contribuyeron con ropa, camas, delantales, mesa, sillas y mercadería, para que estuviéramos más cómodos con los chicos y no nos faltara nada”.

También reconoce el trabajo de los hogares transitorios de Desarrollo Social y agradece el cuidado que le dieron a los que hoy son sus hijos: “Los chicos estuvieron siempre muy bien acompañados. Cuatro de ellos estuvieron en el Hogar Eva Perón y los dos más pequeños en la Sala Cuna. Incluso siempre me piden para ir a visitar a sus amigos que aún se encuentran allí ya que, a pesar de la situación de vulnerabilidad por la que atravesaron, también guardan lindos recuerdos de los momentos vividos allí”

Virginia interrumpe por un momento su narración para despedir a uno de sus hijos que se va a la maestra particular. Aprovecha además para encender una hornalla de la cocina y poner la pava sobre el fuego.

Luego de unos minutos, continúa.

Narra que muchas personas pensaron que no iban a poder acostumbrarse a esta nueva vida, pero el amor todo lo puede y nunca se imaginó que los chicos serían tan cariñosos con ellos: “Al comienzo tenía miedo y mucha incertidumbre, pero luego esa sensación se fue transformando en un sentimiento de felicidad plena. Respecto a los quehaceres del hogar, creo que es cuestión de organización y ponerle mucha voluntad. El amor que siento vence todo cansancio físico que me pueda ocasionar estar al pendiente de tantos hijos. Si bien el esfuerzo es muy grande, la bendición de tenerlos lo apacigua todo”.

Virginia no ha parado de sonreír. Irradia felicidad. No puede disimular lo contenta que se siente junto a sus hijos y hasta se anima a soñar con poder llevarlos a conocer el mar este verano: “Los chicos nos pidieron ir a la costa y estoy seguro que podremos cumplirles ese sueño muy pronto. A nosotros nos hace felices verlos felices a ellos y sin dudarlo volvería a tomar la decisión de adoptar para formar una familia. Nuestros hijos nos transmiten valores, nos enseñan día a día, son realmente inspiradores y un ejemplo de fuerza y perseverancia”.

El testimonio de Virginia es conmovedor. Es una enseñanza de vida de que los hijos vienen a este mundo de muchas maneras, y la adopción es una de ellas. La sangre puede darte hijos, pero el corazón construye familias y los Figueroa son una prueba de ello. Este caso representa una experiencia digna de imitar.

Tras casi dos horas de charla, el chiflido de la pava interrumpe la conversación. Además, comienza a sonar la alarma del celular de Virginia, lo que le indica que debe ir a buscar del colegio a dos de sus hijos.

Este espacio está destinado a encontrar la voz de los verdaderos protagonistas, porque cada “Historia de Cerca” es diferente, enriquecedora y guarda una enseñanza de vida que merece ser contada y compartida.

Información adicional
El Registro Único de Postulantes a la Adopción de Tucumán fue creado por la Corte Suprema de Justicia mediante acordada 313/97. Su función principal es la de llevar a cabo el proceso de evaluación de todas aquellas personas interesadas en adoptar, a fin de decidir su incorporación a la nómina de postulantes del Registro, única vía legal para llevar a cabo un proceso de adopción. Para mayor información pueden dirigirse de lunes a viernes de 8 a 13 h a Lamadrid 377 – Sexto piso “A”, llamar al 4207944 o enviar un mail a adopcion@justucuman.gov.ar.

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