Recuperar la confianza en uno mismo para ponerse de pie y salir adelante

Mediados de septiembre.
La calurosa tarde cae, el sol se apaga de a poco en Lomas del Tafí y Silvia espera en la plaza del frente de su casa, en una hamaca meneándose junto a su bebé.
Tras unos minutos, cruza la calle, pone la pava sobre el fuego y se sienta en una silla del comedor.

Silvia Guzmán tiene 38 años. Es madre de tres hijos y actualmente está en pareja.
Sin dar demasiados detalles, cuenta que tuvo una infancia feliz.

Luego, sin preámbulos, prosigue su relato contando la experiencia de vida con su primer esposo. Claramente tiene la intención de que su testimonio pueda ayudar a otras mujeres, que quizás estén atravesando la misma situación que le tocó vivir a ella: “Sufría permanentemente situaciones de violencia verbal y veía que mis hijos estaban sufriendo mucho. Me di cuenta que necesitaba asistencia, no tenía voz y me encontraba perdida. Y a raíz de un golpe decidí buscar apoyo”.

Recurrió primero al Centro de Atención y Orientación en Violencia Familiar, en Don Bosco 1886, donde le recomendaron que vaya al Observatorio de la Mujer, que pertenece al Ministerio de Desarrollo Social.

Narra, con ojos brillosos y voz quebrada, que tardó un año en juntar fuerzas para entrar: “Me paraba en la puerta y me quedaba inmóvil por horas. Luego me daba vuelta y volvía a mi casa”.

La situación se repetía a diario, hasta que un día, recuerda emocionada, observó cómo sus hijos lloraban junto a ella. Sus rostros angustiados y con miedo le daban vueltas en su cabeza. Esto la movilizó e impulsó a entrar al Observatorio: “Allí me recibió Verónica Herrera, con quien pude hablar y desahogarme. Le conté lo que me estaba pasando y pude expresarle todo lo que sentía. Pensé que no había salida, que era la única persona que estaba atravesando por esa situación”.

En la misma semana, Silvina visitó dos veces el Observatorio. Necesitaba contención, confiar y creer en alguien, poder hablar de lo que le pasaba y que la escucharan, que conocieran su historia.

Expresa que cuando comenzó a asistir a las charlas y talleres sobre violencia de género, sintió que empezaba a progresar: “A través de las cosas que escuchas allí, uno se va dando cuenta de pequeñas señales, que surgían de los tremendos testimonios de otras chicas. Creo que ahí es cuando te das cuenta que podes salir, que si otras pudieron, vos también podrás”.

Gracias a la contención y acompañamiento a cargo de profesionales, Silvia comenzó a ver la luz al final de oscuro túnel. Y así su vida comenzaría a tomar otro rumbo: “Recuperé mi voz, volví a confiar en mí misma. Pude sacar de mi mente el pensamiento de que me iba a morir sin ser feliz. Fue como si hubiese vuelto a nacer, como si me hubieran dado una nueva oportunidad”.

Tras unos minutos, Silvia detiene su relato. Levanta la mirada, toma aire y sonríe ampliamente.

Retoma la conversación describiendo que ahora es feliz, que juega mucho con sus hijos y disfruta la compañía de su nueva pareja. “Creo que cuando uno es feliz, transmite felicidad a los que lo rodean, y es así como me siento en esta nueva etapa de mi vida. Además, ahora puedo contribuir a que mi familia mire las cosas de una manera diferente, con alegría. Es un nuevo mundo y me encanta poder caminarlo junto a ellos”.

Más allá de todas las adversidades que le tocó vivir a Silvia, hoy siente que está viva y de pie.

Pero no se conforma con ello. Siente la necesidad de contar su experiencia y de servir de ejemplo para otras mujeres que quizás estén en su misma situación.

Silvia cree que, aunque es complicado, es posible superar la situación: “Es el miedo el que te inmoviliza e impide buscar ayuda. Pero una vez que logras vencerlo, se abre una puerta enorme de posibilidades. Y la más valiosa de ellas, es la de volver a ser feliz. Hay que dar ese primer paso, que es el más complicado, pero quiero que sepan que si se puede salir de esa situación y volver a recuperar tu vida”.

Ahora solo quiere estar en plenitud con quienes la rodean y trabajar de lo que le gusta. Ha iniciado un emprendimiento de artesanía en porcelana y le va muy bien: “Trabajo en mi casa y por suerte tengo muchos clientes. A la gente le encanta las piezas que hago, será por el cariño y empeño que le pongo al trabajo, ya que ahora tengo mucho amor para dar.
Aparte, me posibilita pasar más tiempo con mis hijos y disfruto mucho de eso”.
Silvia cuenta que le estará siempre agradecida al Observatorio de la Mujer, ya que allí encontró la contención y ayuda necesaria para volver a creer. Expresa que le devolvieron la confianza y las fuerzas para ponerse de pie y comenzar a transitar un nuevo camino, una nueva vida.

Su experiencia es estremecedora, y representa un claro ejemplo de que cuando una persona desea algo con muchas ansias, lo logra.

Tras una hora y media de charla, Silvia se levanta de la mesa y se dirige nuevamente a la cocina. Vuelve a poner la pava para mates y luego regresa a su lugar de trabajo.
Abre y cierra rápidamente sus ojos, levanta la mirada y sonríe.

A partir del Observatorio de la Mujer, el Estado ofrece acompañamiento a mujeres que atraviesan por situaciones de violencia de género, cualquiera sea su tipo, y aborda cada caso de manera individual, para realizar luego la pertinente derivación.

Este espacio está destinado a encontrar la voz de los verdaderos protagonistas, porque cada “Historia de Cerca” es diferente, enriquecedora y guarda una enseñanza de vida que merece ser contada y compartida.

Información adicional
El Observatorio de la Mujer, ofrece atención individual y grupal a mujeres en situación de violencia. Además, se encarga de la prevención y la capacitación de agentes en para áreas especializadas en municipios y comunas.
Está ubicado en Av. Avellaneda 750, Hospital Centro de Salud de San Miguel de Tucumán, el teléfono es (0381) – 4522443 y el e-Mail: observatorio.mujer@yahoo.com.ar

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